Un artículo para el suplemento Mundo Ortomolecular.

Desde el momento del nacimiento, los microbios empiezan a colonizar cada milímetro y cada esquinita de tus mucosas, todas las superficies que estarán expuestas y disponibles para el mundo exterior. Sobre la tierna edad de tres años el colon ya tiene aproximadamente cien billones de microbios. Y más de las quinientas especies bacterianas ya están instaladas en la tripita del niño como en su casa familiar para siempre.

No obstante, la composición de esta comunidad interna es muy dinámica y varía a lo largo de la vida. Como os he comentado antes, los factores como la dieta, medicación, componentes ambientales pueden provocar unos terremotos fuertes en nuestro universo bacteriano intestinal.

La diversidad de las bacterias de nuestro ecosistema es un buen pronóstico para la salud. Con la edad la perdemos y con menos cantidad y variedad de cepas alojadas en el sistema digestivo adquirimos la tendencia al sobrepeso y somos más resistentes a las dietas adelgazantes, por ejemplo.

Un estudio de gran relevancia, supervisado por Nobuyuki Sudo de la Universidad de Kyushu, ha demostrado la conexión y la influencia de las bacterias de nuestro ecosistema en el modo en que aguantamos y superamos el estrés y la ansiedad. La investigación de Sudo ha puesto de relieve que con una microflora equilibrada estamos más protegidos y fuertes frente a las situaciones estresantes. En estos y otros estudios biotecnológicos, los científicos han observado que en dosis terapéuticas con las cepas de las bacterias que se llaman Bifidobacteriun infants y Bifidobacterium longum puede reducir una reacción exagerada del sistema nervioso al estímulo externo y estabilizar los parámetros cerebrales.

Lo triste es que la mayor influencia del microbioma en el desarrollo de nuestra memoria, la creatividad, la atención y la plasticidad de las funciones cerebrales sucede en la infancia y primera juventud. Es como si existiera una ventana limitada en el tiempo para poder aprovecharlo. Por eso los niños con problemas de atención, de sueño, con alteraciones en sus conductas cognitivas y sociales responden muy bien a los tratamientos dietéticos y los suplementos funcionales. Por su parte, los adultos tratados con los probióticos y la dieta pueden mejorar su salud, sus defensas, su calidad de vida, pero necesitan realizar un trabajo más profundo para mejorar sus capacidades cognitivas y con eso me refiero a distintas técnicas de psicoterapia, actividad física y mental personalizada.

Actualmente, los investigadores confirman que la mi- croflora intestinal participa en la actividad genética de nuestro cerebro superior, y desde la infancia las bacterias digestivas (buenas) nos ayudan a establecer y desarrollar ciertas zonas del cerebro involucradas en los procesos de la memoria y el aprendizaje.

Entiendo que es difícil asumir la hipótesis que está pos- tulando la neurociencia moderna de que la microflora intes- tinal juega un papel importante en los estados de ánimo, las personalidades y los procesos cognitivos (de los pensamientos lógicos y creativos) entre las personas. Pero debo señalar que por fin el sistema digestivo, y en especial su parte intestinal, cobra su reconocimiento y está oficialmente representando (junto con su ecosistema) unas funciones imprescindibles para la vida y salud humanas.

Ahora las últimas investigaciones sobre la microflora intestinal, el microbioma humano y el segundo cerebro se han convertido en temas muy de actualidad en la ciencia e investigación médica y especialmente en la biotecnología.

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