La obesidad infantil está considerada por los especialistas como la pandemia del siglo XXI en Europa en general y en España en particular. Curiosamente, la obesidad de los niños en Europa crece mucho más rápido que en Estados Unidos.

¡La tasa de niños obesos en el viejo continente ha subido y según diferentes datos epidemiológicos oscila entre 45-55%!.

La situación es especialmente alarmante debido a la prevalencia de obesidad infantil en los países del sur de Europa como España, Portugal e Italia, a pesar de su reconocida dieta mediterránea.

Esto significa que casi uno de cada dos niños españoles tiene exceso de peso que probablemente derivará en problemas de salud cardiovascular y pérdida de calidad de vida cuando sean adultos. Estamos hablando de casi la mitad de la futura población adulta del país, la cual en unas décadas va a definir su rumbo y su futuro. Es muy serio y desesperante.

Hay que decir que en la actualidad se están realizando muchas investigaciones clínicas; existen nuevos centros científicos con diferentes profesionales, instituciones y cátedras que dedican su labor exclusivamente a los temas de obesidad. Es una estructura médica amplia y con presupuestos importantes cuyo objetivo está en resolver esta epidemia. Pero, como sabemos, por ahora existen muy pocas nuevas aplicaciones médicas prácticas ni ayuda para estos niños.

Los informes señalan como posibles causas las siguientes:

  • La predisposición genética y la influencia del entorno.
  • La alimentación y la escasa actividad física.
  • La consideración como una enfermedad social a la que apuntan algunos estudios…

Esta información se refiere más bien a la salud actual de la sociedad en general, con su política y sus prioridades.

Claves para su control: la actitud y el apoyo

El niño obeso necesita ayuda y apoyo. No es culpable por tener más hambre ni por ingerir comidas de alto valor calórico.

Tampoco es culpable por no poder encajar con ninguna actividad física. Ni del hecho de no tener conocimientos profundos sobre una alimentación equilibrada, o no ser consciente del problema ni tener fuerza de voluntad.

Es fruto de la educación y de problemas profundos en su familia.

Los niños son muy sinceros, impulsivos y sensibles a las carencias que sufren. Se enganchan a la comida para poder sentirse bien, para compensar lo que les falta, y a veces como forma de protesta.

El ambiente escolar infantil puede ser muy ingrato. Todos juzgan a los obesos, las bromas y el desprecio salen naturalmente de las bocas de los compañeros de clase. Es muy duro para un niño.

Lo que quiero pedirles a los padres es que se pongan del lado de sus hijos, que intenten entenderles y apoyarles, no regañarles ni criticarles. Los padres son los únicos con quienes el niño obeso puede contar y confiar. No hace falta castigarles aún más con sus bromas.

Si el niño/a tiene hambre, mareos, sobrepeso, siempre existe un «porqué», el psicológico o el metabólico, o los dos juntos.

Debes ganarte la confianza de tu hijo, intentar entender qué es lo que le pasa y por qué come de esa manera y no de otra. ¿Es un bloqueo emocional, una protesta o una enfermedad?

La medicina actual, a nivel internacional, insiste en un abordaje multimodal, multidisciplinar para tratar la obesidad infantil.

Las medidas y recomendaciones generales, despersonalizadas, como el ejercicio y una hoja con la dieta fracasan, lo cual es muy lógico…

Dra. Irina Matveikova “Inteligencia Digestiva para Niños”

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