Alimentación, sal, alcohol, fármacos, las sustancias químicas, las enfermedades renales, etc. afectan a la calidad de depuración de la sangre. Eso significa que la filtración de los productos tóxicos nitrogenados por los riñones no es completa y en la analítica pueden cambiarse (o no) los niveles de urea, de creatinina, de ácido úrico, aparecer un desequilibrio de los electrolitos, que, a su vez, disminuye la cantidad de la orina.

Para filtrar bien la sangre y desintoxicar el cuerpo es imprescindible beber suficiente agua, con unos 2 litros de líquidos al día ayudamos a nuestros riñones a llevar adelante su función. Si bebemos poco, la orina se vuelve muy concentrada oscura y maloliente y los filtros renales comienzan a precipitar con la cantidad de las proteínas y minerales y el proceso de filtración no se puede realizar adecuadamente. Además, eso aumenta el riesgo del crecimiento bacteriano e infección urinaria.

Tenemos la suerte de tener dos riñones que nos aseguran la vida. Afortunadamente, el ser humano puede vivir con un solo riñón manteniendo en un estado perfecto la pureza de su sangre y la calidad de vida. Por eso con la donación de los riñones se salvan tantas vidas y mucha gente sobrevive después de perder un riñón por una razón u otra. Sin embargo, si ambos filtros se encuentran afectados por una enfermedad generalizada (diabetes, glomerulonefritis, pielonefritis crónica, litiasis, lupus, poliquistosis, etc.) y se llega a desarrollar una insuficiencia renal, entonces la persona afectada sufrirá una intoxicación por sus propios residuos y deberá comenzar de forma inmediata con un tratamiento llamado diálisis renal. A través de un dispositivo muy sofisticado llamado riñón artificial se le realizará la purificación de su sangre, según la gravedad del cuadro deberá llevarlo a cabo entre una y varias veces por semana.

Tomado del libro Salud Pura

 

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