Seis reflexiones cortas sobre alimentación sana y el nuevo libro de Michael Pollan “Food rules“.

1. No coma nada que no se pudra. 

La comida de verdad o está viva o lleva poco tiempo muerta. En todo caso el margen que la separa de ser basura es pequeño. Todo lo que no cumpla este requisito es porque ha sido procesado hasta la inmortalidad con agentes químicos para que no atraigan hongos ni bacterias. Con los productos no envasados, de temporada y de la procedencia geográfica cercana tiene mucho más de seguridad y de calidad.

2. Coma solo animales que hayan comido bien.

La evolución ha diseñado a los animales capaces de convertir hierba en las proteínas y grasas saludables. Por eso la carne de animal feliz precedente de una granja domestica, es una carne sana y llena de energía vital.

Sin embargo, la gran industria alimentaria ha cebado los animales de pienso y hormonas para que crezcan encerrados, más y rápido. Hay que saber donde comprar la carne y como elegirla.

3. Cuando más blanco sea el pan, más joven morirá.

Ingerida tal cual, la harina blanca procesada y refinada es como un chupito de glucosa y gluten. Ya no tiene las virtudes de otros granos auténticos e integrales (fibra, vitaminas, minerales, grasas esenciales), y arrasa el organismo. Es como el tabaco, cuanto antes lo deje, más vivirá.

4. Evite las cosas que su abuela no entendería como comida.

Si en la etiqueta de un producto alimentario envasado (que no se caduca durante unos años), encuentra una lista larga de los nombres químicos que no le dice ni recuerdan nada relacionado con la comida. ¿Quién ha dicho que esas cosas se pueden comer? No hay pruebas de que el consumo elevado de los ingredientes químicos no sea un peligro para la salud. Piénselo. La raza humana no lleva mucho tiempo comiéndolos. Es algo nuevo y inventado, y no por la naturaleza. Yo no correría el riesgo.

5. No compre comida que se llama igual en todo el mundo.

Hay traducción al francés o al japonés para canónigos, pero no para Big Mac, ni Pringles, ni CocaCola…

6. Come plantas (sobre todo si tienen hojas), verduras y frutas.

Hay cientos de miles de estudios que prueban que una dieta rica en verduras y frutas reduce la posibilidad de morir de alguna enfermedad occidental como el cáncer. En los países y los regiones en los que se come medio kilo diario de verdura más fruta (suele coincidir que son los que más siguen con las tradiciones alimentarias), las tasas de cáncer son la mitad…

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