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Queremos compartir con vosotros el artículo y entrevista que acaba de publicar la revista Web Consultas a la Dra Irina sobre su último libro, Bacterias. La revolución digestiva.

Esperamos que disfrutéis con la lectura.

 

Dra. Irina Matveikova

Experta en endocrinología y nutrición, y autora de ‘Bacterias. La Revolución digestiva’
Nuestra salud física y mental depende en gran medida de las bacterias beneficiosas presentes en el intestino. La endocrina Irina Matveikova explica cómo protegerlas para potenciar nuestras defensas y vivir más y mejor.
Escrito por: Eva Salabert
“La microbiota intestinal es como un taller de ITV continua que nos regenera y nos cura; estamos interconectados con estos microorganismos y los necesitamos para vivir sanos”

Las bacterias intestinales influyen sobre la salud física, pero también sobre el bienestar emocional y la salud mental. El correcto funcionamiento de nuestro sistema inmune depende en gran medida del equilibrio bacteriano de la microbiota o flora intestinal, que se puede ver alterado por una dieta inadecuada, o el consumo de fármacos como los antibióticos, entre otros factores. La Dra. Irina Matveikova, médico de familia especializada en endocrinología y nutrición, y autora del conocido Inteligencia digestiva–traducido a seis idiomas–, Salud pura, e Inteligencia digestiva para niños, ha publicado un nuevo libro, Bacterias. La revolución digestiva (La esfera de los libros, 2018), con el que finaliza su tetralogía sobre la importancia de cuidar nuestro sistema digestivo para disfrutar de una vida saludable. La endocrina nos explica qué debemos hacer para proteger a las bacterias buenas y conseguir que cumplan con éxito su misión, que consiste en potenciar nuestras defensas y reparar y revertir algunos de los daños que pueden sufrir las células del organismo.

Bacterias. La Revolución digestiva

 

Dices que es normal y sano intercambiar la información bacteriana, y que no debemos obsesionarnos con la limpieza ni aislarnos de otros seres humanos. ¿Puede ser entonces perjudicial el exceso de higiene con el que se suele criar a los niños en los países desarrollados?

Efectivamente. Ahora en la medicina hablamos sobre una teoría de higiene excesiva, cuyas consecuencias estamos cosechando, en forma de un aumento de la atopia, especialmente en la infancia, y de muchas enfermedades autoinmunes. En realidad, para formar muy bien nuestro sistema inmune y mantener el equilibrio de nuestro microbioma intestinal, necesitamos una diversidad de las bacterias y una diversidad en las señales que recibe la mucosa intestinal, que proceden de distintas partículas, distintos alimentos y distintas bacterias. Y el sistema inmune va aprendiendo a aceptar unos y rechazar otros, y cómo organizarse, como si se tratase de una base de datos.

Cuanta más información archivamos sobre este entorno, disponemos de mayor diversidad de información y más fuerte es el sistema inmune. Por lo cual, la higiene tiene que tener su lógica, y aunque obviamente no podemos negar que es algo bueno, no hasta el punto de desinfectar todo con químicos, o sobreproteger a nuestros niños.

¿Cuáles son los principales síntomas que nos pueden indicar que nuestra microbiota intestinal sufre un desequilibrio?

En primer lugar, cuando hay mucha fermentación, putrefacción y producción de toxinas en la luz intestinal, los síntomas más clásicos son distensión abdominal, meteorismo, dolor abdominal difuso, cólicos, un tránsito intestinal alternante que va de un extremo a otro –de diarrea a estreñimiento–, un disconfort, una sensación incómoda en las tripas, en el abdomen, que puede manifestarse también como una mala digestión o una baja tolerancia a los alimentos, como cuando por ejemplo la gente dice: “la lechuga me hincha”, o “no tolero tal alimento”. Si uno nota que tiene muchos gases eso es producto de las bacterias, porque se pueden tener gases puntualmente al tomar coliflor o una fabada, pero si los gases son continuos, y especialmente malolientes, algo va mal con las bacterias.

Y en el nivel más avanzado, si hay una atopia, dermatitis, alergias…, significa que hay una permeabilidad intestinal y que el sistema inmune a niveles de mucosa intestinal actúa de manera exagerada y sobre reacciona a alimentos o alérgenos como pelo de gato. Es una reacción muy fuerte y desequilibrada del sistema inmune hacia factores normales, y significa que no hay una relación adecuada entre el sistema inmunológico y sus bacterias. Esa inflamación alérgica en su mayor parte empieza en la mucosa del intestino delgado. Y si no hay bacterias buenas que puedan regular esa inflamación, esa reacción tan fuerte causa alergias, porque existe un desequilibrio bacteriano.

Se pueden tener gases puntualmente al tomar coliflor o una fabada, pero si los gases son continuos, y especialmente malolientes, algo va mal con las bacterias

Beneficios de una dieta rica en prebióticos y probióticos

¿Qué podemos hacer para aprovechar mejor las bacterias beneficiosas con las que tenemos que convivir, y al mismo tiempo evitar la proliferación de las malignas?

En primer lugar, somos lo que comemos, pero también lo que comemos es un alimento para nuestras bacterias. Controlar nuestra alimentación, alimentarnos de manera muy variada, pero con una buena presencia en la dieta de prebióticos. La verdura variada, la fruta variada, legumbres, cereales integrales… Todo eso supone una buena nutrición para nuestras bacterias. Además, hay que comer pequeñas cantidades de manera frecuente, masticando bien, y no envenenar nuestras bacterias con productos procesados, con aditivos o químicos, siempre que podamos evitarlo.

También es importante tomar a diario lácteos fermentados, pero de buena calidad, que sean por ejemplo yogur o kéfir, o queso fresco, que no estén azucarados ni contengan aditivos, que sean lo más naturales posible. Y otros alimentos que a veces olvidamos como los fermentados de aceitunas y pepinillos, y otros fermentados poco conocidos aquí como el chucrut de col o zanahoria, que todavía comemos poco, y que aportan materia viva muy potente y beneficiosa.

Además de comer frutas y verduras variadas para alimentar a nuestras bacterias, yo soy partidaria de recomendar suplementos probióticos, porque no solemos comer cada día dos yogures o cuajada de alta calidad, y en la rutina diaria a veces nos faltan fermentados. Por eso, tomar un suplemento probiótico –de los que hay muchísimos buenos productos en el mercado–, al menos diez días al mes, creo que es muy beneficioso.

 

Esto puede hacerse diez días seguidos, porque tomar durante este periodo algún suplemento probiótico potente va a mantener el efecto antiinflamatorio, a mejorar las digestiones, y a controlar la salud digestiva e inmunológica. Es muy cómodo como mantenimiento, y está especialmente indicado para las personas que ya tienen algún malestar.

 

Tomar algún suplemento probiótico 10 días al mes va a mantener el efecto antiinflamatorio, a mejorar las digestiones, y a controlar la salud digestiva e inmunológica.

 

Si la persona está totalmente sana tiene que considerar tomar suplementos probióticos en momentos de cambio de clima, viajes, cambio brusco de alimentación, convalecencia de algún resfriado o alguna infección…, porque en esos casos el probiótico ayuda. Y tomarlo solamente por necesidad. Pero la gente con mucho estrés, fatiga, cansancio, o alguna enfermedad es bueno que se suplemente con probióticos regularmente.

 

A veces nos cuesta hacer cosas para nosotros mismos, como comer más sano, más tranquilos, evitar comidas tóxicas o de menos calidad, o el consumo de alcohol, fármacos, o tabaco. Hay que pensar que está en nuestras manos la vida de esos pequeños microorganismos que son como un taller de ITV continua, que nos recuperan, nos regeneran, nos curan y nos cuidan. Y debemos hacer algo bueno por ellos, pensando que somos un universo, que estamos interconectados con estos bichitos, y los necesitamos para vivir sanos y durante muchos años.

 

El consumo de antibióticos puede alterar la flora intestinal. ¿Es conveniente tomar probióticos o seguir alguna dieta especial para proteger el equilibrio de este microbioma mientras dure el tratamiento?

En estos casos es imprescindible y debería ser como una rutina, porque al tomar antibiótico también matamos al probiótico, ya que también son bacterias y el antibiótico no elige a quién eliminar. Yo creo que siempre hay que tomar probiótico mientras se estén tomando antibióticos, y especialmente durante dos semanas después. Eso cambia totalmente la salud inmunológica.

 

Por ejemplo, en infecciones recurrentes, como cuando los niños tienen otitis o bronquiolitis y se repiten los tratamientos con antibióticos, el hecho de recuperar después la flora intestinal con los probióticos hace que se eliminen los efectos secundarios. Es mucho más inteligente actuar así, y es conveniente que el consumidor también lo sepa. Además, es muy difícil que se produzca una sobredosis de probióticos porque no hacen daño, es una bacteria que se podría comparar con un yogur concentrado, y el cuerpo la asimila.

 

Cuando los niños tienen otitis y se repiten los tratamientos con antibióticos, recuperar después la flora intestinal con probióticos elimina los efectos secundarios.

 

Hablando de antibióticos, la aparición de bacterias multirresistentes se atribuye a su uso inadecuado o excesivo, y España es uno de los países que lidera el consumo abusivo de estos fármacos. ¿Qué medidas crees que se deberían adoptar para evitar este problema?

 

Yo creo que las cosas cambian, y me parece que ya hay una tendencia a prescribir menos. Y creo que en esto hay que distinguir dos aspectos: por un lado, el médico tiene que estar mucho más informado, y siempre averiguar qué tipo de infección tiene el paciente, ya que el antibiótico solo actúa en el caso de las infecciones bacterianas.

 

A veces cuando empezamos con una gripe enseguida tomamos algo, y hay que esperar entre tres y cinco días para comprobar qué tipo de infección es, porque en este periodo de tiempo la infección viral va a ir disminuyendo. Al cabo de estos días, ya se puede tomar una decisión sobre si se debe, o no, administrar un antibiótico, pero no hacerlo de forma inmediata.

 

Por otro lado, yo creo que también es muy necesaria la educación del paciente, y más en el caso de los padres con niños pequeños. Si aparece una infección y todavía no sabemos si hacen falta antibióticos, hay que hacer un frotis, normalmente un exudado de la boca, o si es una infección urinaria se debe hacer un cultivo de la bacteria para comprobar si se trata de una bacteria agresiva y es sensible a un antibiótico en concreto, y no a otro. Y con esos datos, personalizar la prescripción. Normalmente, este estudio es muy accesible y un cultivo tarda dos o tres días, como máximo. Si esto entrara en la rutina, el antibiótico solo se prescribiría cuando fuese preciso. Yo creo que el paciente puede exigir esto del médico y, por otro lado, el médico tiene que intentar también seguir estas pautas.

 

Bacterias intestinales, salud mental, y enfermedades autoinmunes

Es lógico pensar que las bacterias del organismo influyan en nuestra salud física, pero ¿cómo pueden afectar estos microorganismos a nuestra salud mental?

Es un tema fascinante, y cada vez hay más estudios científicos que avalan esos datos, que hay cepas bacterianas beneficiosas a las que llamamos psicobióticos; es decir, que tienen un efecto regenerador neuronal a nivel de modular la comunicación entre las neuronas, y modular la producción de sustancias inflamatorias.

 

En realidad, muchas enfermedades mentales o neurodegenerativas las consideramos como fenómenos inflamatorios. La esclerosis múltiple se considera una enfermedad autoinmune, y al principio del párkinson encontramos una modificación del microbioma en el intestino. En los procesos emocionales depresivos, o en la ansiedad, vemos una correlación entre la salud digestiva y la salud mental.

 

Hay cepas bacterianas beneficiosas a las que llamamos psicobióticos, que tienen un efecto regenerador neuronal a nivel de modular la comunicación entre las neuronas.

 

La teoría es que ciertas bacterias pueden secuestrar circuitos neurológicos de dopamina, de serotonina, y otras bacterias buenas pueden recuperar este lenguaje neuronal. Al igual que moléculas inflamatorias pueden introducirse en el torrente sanguíneo y atacar las membranas cerebrales y las neuronas; entran por las brechas del intestino permeable, el intestino inflamado. Por eso, al mejorar el lumen intestinal, cerrar esas brechas, y reponer bacterias buenas, la salud mental se mejora, a nivel emocional, y la fatiga y el cansancio y los cuadro anímicos también cambian.

 

El desequilibrio de la microbiota intestinal se ha asociado con el desarrollo de varias enfermedades, y su composición bacteriana es única en cada persona. ¿Es posible prevenir o curar enfermedades utilizando las colonias bacterianas procedentes de individuos sanos?

Eso se considera todavía una medicina de futuro, pero algunas cosas ya se están utilizando con muy buenos resultados, como el trasplante de microbioma completo de una persona sana, que se emplea en casos graves. Esto suscita dudas y reparo debido a la procedencia del material que se emplea en ese trasplante, sin embargo, en Estados Unidos, en Australia y en Inglaterra, utilizan microbioma vivo equilibrado de una persona totalmente sana, y cuando lo trasplantan al intestino de un paciente con una enfermedad de Crohn avanzada, o alguna otra enfermedad muy grave, los cambios son impresionantes; es como resetear el sistema inmune, y que de pronto el cuerpo reciba el apoyo de todo un conjunto de bacterias buenas.

 

El trasplante de microbioma completo de una persona sana es como ‘resetear’ el sistema inmune, y que el cuerpo reciba el apoyo de un conjunto de bacterias buenas.

 

Hay que recordar que el intestino alberga dos kilos de bacterias, un conjunto formado por 1.800 cepas que viven interactuando y colaborando entre ellas, y que están acostumbradas a permanecer en el medio ambiente humano digestivo, y no en el laboratorio, por lo que cuanto más nos acercamos al estándar de tener un conjunto de bacterias fuertes buenas, y que saben sobrevivir en el intestino humano, más eficacia conseguimos. Pero, por ahora, aunque el tratamiento existe, está limitado a casos graves y concretos.

 

Ya se han obtenido muy buenos resultados con este sistema y en los congresos siempre se ofrecen datos de nuevos estudios. Este tratamiento lo utilizan en los países que he mencionado, mientras que en España esta opción de trasplante de microbioma solo se usa para una indicación, que es la infección por una bacteria que se llama Clostridium difficile, que mata a las personas porque no existe ningún antibiótico capaz de combatirla, por lo que si un paciente sufre una infección originada por esta bacteria recibirá trasplante de microbioma porque es la única manera de salvarle.

 

Si una persona quiere que le realicen este tipo de trasplante para tratar otra enfermedad autoinmune puede ir a Inglaterra, a Australia, o a Estados Unidos a recibirlo, porque allí son tratamientos aprobados por las autoridades sanitarias y que se llevan a cabo en los hospitales (no se considera medicina alternativa).

 

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Imagen de la CNN

Aquí os dejamos un resumen en español del artículo que publicó la CNN sobre los nuevos avances en el estudio de cómo los alimentos nos pueden ayudar a tratar la depresión y el estrés.

 

Nuestra próxima comida podría ayudarnos a luchar contra la depresión y el estrés

¿A veces han creído que la comida ha afectado de forma intensa a su estado emocional? La ciencia está comenzando a respaldar estas intuiciones.

 

La conexión entre una dieta pobre y alteraciones del estado emocional se conoce desde hace tiempo, pero lo que ha resultado menos claro es la dirección de la causalidad. Cuando estamos deprimidos, tendemos a buscar alimentos de baja calidad que nos proporcionen cierto alivio, pero ¿pueden estos alimentos contribuir a una depresión? Y si estamos deprimidos, ¿mejorar nuestra dieta puede mejorar nuestros síntomas?

 

Las nuevas investigaciones están ayudando a abrir el camino hacia una mayor claridad. Recientemente, se ha publicado un pequeño pero importante estudio entre hombres y mujeres que estaban tomando anti depresivos o que estaban yendo de forma regular a psicoterapia.

 

Todos los sujetos del estudio llevaban una dieta poco sana, con una ingesta baja de frutas y verduras, poca fibra diaria y mucho dulce, carnes procesadas y productos salados. Se puso a la mitad de las personas en una dieta sana que se centraba en ingerir aceite de oliva virgen, frutos secos, semillas, huevos, frutas, verduras, pescado graso y ternera alimentada con pasto. La otra mitad de las personas continuó con su dieta habitual y se les recomendó asistir a sesiones de apoyo social.

 

Antes y después del estudio, se midieron los síntomas de depresión de estas personas en una escala común. Después de tres meses con una alimentación más saludable, aquellos que formaban parte del grupo de intervención vieron cómo sus resultados mejoraron en unos 11 puntos. El 32% había alcanzado una puntuación tan baja que ya no cumplían los criterios para considerarlos personas con depresión. Mientras tanto, aquellos que participaron en el grupo de apoyo social sin ningún tipo de intervención en la dieta solo mejoraron en unos 4 puntos; solamente el 8% llegó a una remisión.

 

Lo que verdaderamente demuestra este estudio es que incluso para los pacientes con depresión más grave, la alimentación puede ser un anti depresivo muy potente. Y sin efectos secundarios negativos.

 

Una forma en que una dieta más sana puede mejorar nuestro estado de ánimo es a través de nuestro sistema inmunitario. El mismo proceso a través del cual respondemos ante heridas graves o amenazas también extingue incendios provocados por nuestra dieta y estilo de vida. Este es el motivo por el que una dieta pobre puede llevar a una inflamación crónica de bajo grado, un factor de riesgo para enfermedades no transmisibles como la diabetes tipo 2 o incluso el Alzheimer. Según la Organización Mundial de la Salud, este tipo de enfermedades es la causa del 60% de los fallecimientos a nivel mundial.

 

Aunque los mecanismos que relacionan la inflamación con la depresión están comenzando a comprenderse, otros estudios realizados con compuestos con un efecto anti inflamatorio conocido, tales como la curcumina (componente de la cúrcuma), también han demostrado cierta eficacia en la reducción de los síntomas.

 

A pesar de que los estudios son pequeños y necesitan de más investigación, refuerzan la noción de que la depresión puede ser la respuesta del cerebro a la inflamación en el cuerpo, al menos para algunas personas.

 

Los alimentos integrales y saludables proporcionan micronutrientes que ayudan al cerebro a gestionar mejor el estrés. Actualmente, el 90% de los norteamericanos tiene deficiencia en al menos una vitamina o mineral, lo que deja sus cerebros desarmados ante el intento de reparar el daño. Un ejemplo: casi el 50% de los estadounidenses apenas consume suficiente magnesio, un mineral que participa en la reparación del ADN (y es tan fácil de encontrar en alimentos como almendras, espinacas y aguacate).

 

Algunos de los alimentos más ricos en nutrientes incluyen verduras de hoja verde oscura, vegetales crudos, huevos e incluso la carne roja criada de forma apropiada. Un amplio estudio demostró que las mujeres que consumían menos de tres o cuatro raciones de carne roja por semana tenían el doble de posibilidades de ser diagnosticadas con depresión o ansiedad. El estudio se realizó en Australia, donde la mayor parte de la carne proviene de ganado de pasto, una advertencia que los investigadores reseñaron como destacable.

 

¿Qué alimentos deberíamos evitar consumir para mantener un estado de ánimo saludable y equilibrado? Azúcar y aceites procesados y altamente refinados, entre los que se incluyen el aceite de colza, de maíz y de soja (el uso de este último se ha disparado hasta en un 1.000% a lo largo del pasado siglo). Estos alimentos se han relacionado con problemas de salud mental, entre ellos depresión, y ambos ahora saturan nuestro suministro alimentario, constituyendo en gran parte las comidas ultra procesadas que ahora representan el 60% de nuestra ingesta calórica. Estos productos, cuando se consumen de forma crónica, impulsan la inflamación y merman los recursos de protección de nuestro cuerpo, agravando el daño causado.

 

Aunque la ciencia sobre la dieta y el estado de ánimo aún tiene un largo camino por recorrer antes de asentarse como tal, hay pocos motivos por lo que esperar dado que una dieta más saludable puede ayudar y es definitivamente mejor para nuestra salud global. Las investigaciones sugieren que una dieta mejorada puede ayudar incluso a nuestro bolsillo.

 

Artículo publicado en inglés por Max Lugavere, periodista científico.

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Os dejamos el artículo que la Dra. Irina escribió para la revista “Tu Bebé” (nº264), el título “Cuida su salud con tus bacterias” te orienta sobre hábitos a seguir durante el embarazo para así beneficiar a los bebes.

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